Cristales opacos de una verdad que nunca podemos alcanzar.
Hemos desarrollado con los años miles de artefactos para lograr vernos como somos, no como pensamos o creemos ser.
Espejos que nos sirven de amigo imaginario. Cámaras que retratan nuestro miedo a ser nosotros mismos. Grabadoras que sustituyen sus espacios vacíos con la voz que no podemos escuchar.
Y entonces vemos el arcoíris por primera vez en nuestras vidas mientras dejamos a un lado los placeres del camino.
Nuestra película de horror siempre tiene el mismo despertar. Nuestro sueño cambia los colores abruptamente y no somos capaces de darnos cuenta.
Vivimos llenos del miedo de crecer. Miedo a amar, por tener miedo a sufrir. Queremos que todo sea una mentira de ganancia, y lo preferimos a la pérdida de algo verdadero.
Maldito sea el miedo que un día se entró en el tuétano de nuestros huesos. Maldito porque no nos deja ser lo que somos. Seres humanos y nada más…